sábado, 30 de abril de 2011
lunes, 11 de abril de 2011
jueves, 24 de marzo de 2011
sábado, 22 de enero de 2011
Logs & knots
Blog, Weblog, fotolog, [something]log, etc, todos términos en ingles para algún tipo de bitácora, que se han hecho comunes al hablar de sitios de Internet, cualquiera sea el idioma. Aunque Log también es logaritmo, y tiene facetas muy útiles a saber, eso es harina de otro costal, por ahora.
Hoy voy a escribir sobre los log, las bitácoras. Pero no para analizar su utilidad en Internet o en la vida real, si no, la etimología de la palabra anglosajona 'log'. Hace un tiempo, leyendo artículos variados, encontré la historia de esta palabra, que se remonta a unos 250 años, y me pareció una buena idea compartirla.
Primero, una definición en español para esa palabra anglosajona.
Log:

1. Parte de un tronco o sección de un árbol, que ha caído o ha sido cortada.
2. Un registro oficial de eventos durante el viaje de una embarcación o aeronave.
Me detengo aquí, porque se puede analizar más como sustantivo, como verbo, y no viene al caso, pues derivan de lo que vamos a analizar.
Ahora, como sabemos, hay muchísimas palabras anglosajonas contemporáneas que vieron su origen en la época medieval y moderna. Esta es una de ellas.
Esta historia comienza alrededor del siglo XVII, en alta mar. Antes de los viajes en barco, no existía el concepto de 'bitácora de nave'. No hacía falta, no había naves.
A las embarcaciones de ese tiempo las empujaba el viento, pero también el dinero y la guerra. Por eso, para ganar ventaja, uno de los primeros problemas que necesitaron resolver los marinos, era medir la velocidad de la nave respecto al agua. Si no, no podrían trazar rumbos, seguirlos, corregirlos, navegar en forma óptima, y llegar primero. La solución que adoptaron era algo precaria, aunque no había otra cosa en esa época, y al final sirvió por mucho tiempo.
Se creo un instrumento de medición que consistía en una cuerda muy larga, donde un extremo estaba atado a la nave, y el otro estaba atado a un leño(log). Luego, a la cuerda, se le hicieron nudos(knots) a distancias iguales a lo largo de ella. Para que el sistema cuerda-leño-nudo funcionara, era también necesario algún método moderno para tomar el tiempo, por ejemplo un reloj de arena o un reloj de bolsillo.
Para medir la velocidad, una persona estaba atenta y lista con el reloj. La otra, tiraba el leño(log) al agua, y dejaba que la cuerda se fuera al mar con el leño hasta que pasara el primer nudo(knot). Cuando pasa el primer nudo, se empieza a contar los nudos que pasan, y la persona con el reloj de arena debe empezar a tomar el tiempo. Cuando se llega al tiempo de marca, se sostenía la cuerda y se contaban cuantos nudos de la cuerda habían pasado. La cantidad de nudos(knots) era la velocidad de la embarcación.
Este proceso de medir la velocidad se ejecutaba las veces que hacía falta, y se anotaba en un cuaderno. Ese cuaderno se empezó a llamarla bitácora de viaje, log. Me imagino al capitán de alguno de esos barcos escribiendo cuanto dio la medición del log.
A algo parecido a esas anotaciones, le empezaron a llamar 'the log', y con eso iban también todos los acontecimientos de la nave. Desde ya que este proceso y unidades de medición tenían muchas imprecisiones y problemas, por ejemplo, las corrientes de agua, el reloj, la longitud no constante de la cuerda, y muchas otras.
Me imagino, entre el ron, la escasez de comida y el trabajo en alta mar, ya no sabían que era que ahí arriba, y le empezaron a llamar así. Borrachos! ;-)
Algo más...
Otra curiosidad relacionada con esto, es que aún hoy en día la velocidad de los barcos y aviones se mide en nudos. Pero estos nudos están relacionados con las millas náuticas. ¿Por qué millas náuticas? Porque es muy conveniente para usarla con mapas aplicando coordenadas de latitud y longitud en grados.
Una milla náutica se la definió como igual a 1' (un minuto) del arco de la circunferencia de la Tierra (En total tiene 21 600 minutos). En metros equivale a 1852 m. 1 nudo es igual a una velocidad de 1 milla náutica por hora.
Lo práctico y genial de la milla náutica, es que si navegas a por ejemplo, 240 nudos, en la misma dirección, durante media hora, es equivalente a una distancia de 120 millas náuticas, o un avance de 2º sobre el mapa.
Buen viaje.
Hoy voy a escribir sobre los log, las bitácoras. Pero no para analizar su utilidad en Internet o en la vida real, si no, la etimología de la palabra anglosajona 'log'. Hace un tiempo, leyendo artículos variados, encontré la historia de esta palabra, que se remonta a unos 250 años, y me pareció una buena idea compartirla.
Primero, una definición en español para esa palabra anglosajona.
Log:

1. Parte de un tronco o sección de un árbol, que ha caído o ha sido cortada.2. Un registro oficial de eventos durante el viaje de una embarcación o aeronave.
Me detengo aquí, porque se puede analizar más como sustantivo, como verbo, y no viene al caso, pues derivan de lo que vamos a analizar.
Ahora, como sabemos, hay muchísimas palabras anglosajonas contemporáneas que vieron su origen en la época medieval y moderna. Esta es una de ellas.
Esta historia comienza alrededor del siglo XVII, en alta mar. Antes de los viajes en barco, no existía el concepto de 'bitácora de nave'. No hacía falta, no había naves.
A las embarcaciones de ese tiempo las empujaba el viento, pero también el dinero y la guerra. Por eso, para ganar ventaja, uno de los primeros problemas que necesitaron resolver los marinos, era medir la velocidad de la nave respecto al agua. Si no, no podrían trazar rumbos, seguirlos, corregirlos, navegar en forma óptima, y llegar primero. La solución que adoptaron era algo precaria, aunque no había otra cosa en esa época, y al final sirvió por mucho tiempo.
Se creo un instrumento de medición que consistía en una cuerda muy larga, donde un extremo estaba atado a la nave, y el otro estaba atado a un leño(log). Luego, a la cuerda, se le hicieron nudos(knots) a distancias iguales a lo largo de ella. Para que el sistema cuerda-leño-nudo funcionara, era también necesario algún método moderno para tomar el tiempo, por ejemplo un reloj de arena o un reloj de bolsillo.
Para medir la velocidad, una persona estaba atenta y lista con el reloj. La otra, tiraba el leño(log) al agua, y dejaba que la cuerda se fuera al mar con el leño hasta que pasara el primer nudo(knot). Cuando pasa el primer nudo, se empieza a contar los nudos que pasan, y la persona con el reloj de arena debe empezar a tomar el tiempo. Cuando se llega al tiempo de marca, se sostenía la cuerda y se contaban cuantos nudos de la cuerda habían pasado. La cantidad de nudos(knots) era la velocidad de la embarcación.
Este proceso de medir la velocidad se ejecutaba las veces que hacía falta, y se anotaba en un cuaderno. Ese cuaderno se empezó a llamarla bitácora de viaje, log. Me imagino al capitán de alguno de esos barcos escribiendo cuanto dio la medición del log.
-11/20/1745-
09.00 Log: 10 knots - NE
11.00 Log: 7.5 knots - N
12.30 Log: 8 knots - NW
...
A algo parecido a esas anotaciones, le empezaron a llamar 'the log', y con eso iban también todos los acontecimientos de la nave. Desde ya que este proceso y unidades de medición tenían muchas imprecisiones y problemas, por ejemplo, las corrientes de agua, el reloj, la longitud no constante de la cuerda, y muchas otras.Me imagino, entre el ron, la escasez de comida y el trabajo en alta mar, ya no sabían que era que ahí arriba, y le empezaron a llamar así. Borrachos! ;-)
Algo más...
Otra curiosidad relacionada con esto, es que aún hoy en día la velocidad de los barcos y aviones se mide en nudos. Pero estos nudos están relacionados con las millas náuticas. ¿Por qué millas náuticas? Porque es muy conveniente para usarla con mapas aplicando coordenadas de latitud y longitud en grados.
Una milla náutica se la definió como igual a 1' (un minuto) del arco de la circunferencia de la Tierra (En total tiene 21 600 minutos). En metros equivale a 1852 m. 1 nudo es igual a una velocidad de 1 milla náutica por hora.
Lo práctico y genial de la milla náutica, es que si navegas a por ejemplo, 240 nudos, en la misma dirección, durante media hora, es equivalente a una distancia de 120 millas náuticas, o un avance de 2º sobre el mapa.
Buen viaje.
viernes, 21 de enero de 2011
Mejorando el blog
Creo que es una buena forma de dar algo a aquellas personas que lo pasen a leer, y estaría bueno un feedback del mismo, para tener un empuje a mantenerlo con contenidos buenos y actualizado.
En este blog van a encontrar muchas referencias al idioma inglés, películas, quizás a ciencia e ingeniería, y a parte de la cultura de Internet.
Uno de los artículos que quiero hacer es una guía de referencia nerd/geek/cinéfila/inglés-spanglish/Internet/científica con los términos más comunes que se pueden encontrar en sitios como este y que les haga decir " ¿Qué
Bueno, espero que salga algo decente de esto. Además ¿qué puede salir mal?
sábado, 30 de octubre de 2010
Lo esencial es invisible para los ojos.
XXVI
Al lado del pozo había una ruina de un viejo muro de piedras. Cuando volví de mi trabajo al día siguiente por la tarde, vi desde lejos al principito sentado en lo alto con las piernas colgando. Lo oí que hablaba.—¿No te acuerdas? ¡No es aquí con exactitud!
Alguien le respondió sin duda, porque él replicó:
—¡Sí, sí; es el día, pero no es este el lugar!
Proseguí mi marcha hacia el muro, pero no veía ni oía a nadie. Y sin embargo, el principito replicó de nuevo.
—¡Claro! Ya verás dónde comienza mi huella en la arena. No tienes más que esperarme, que allí estaré yo esta noche.
Yo estaba a veinte metros y continuaba sin distinguir nada.
El principito, después de un silencio, dijo aún:
—¿Tienes un buen veneno? ¿Estás segura de no hacerme sufrir mucho?
Me detuve con el corazón oprimido, siempre sin comprender.
—¡Ahora vete —dijo el principito—, quiero volver a bajarme!
Dirigí la mirada hacia el pie del muro e instintivamente di un brinco. Una serpiente de esas amarillas que matan a una persona en menos de treinta segundos, se erguía en dirección al principito. Echando mano al bolsillo para sacar mi revólver, apreté el paso, pero, al ruido que hice, la serpiente se dejó deslizar suavemente por la arena como un surtidor que muere, y, sin apresurarse demasiado, se escurrió entre las piedras con un ligero ruido metálico.
Llegué junto al muro a tiempo de recibir en mis brazos a mi principito, que estaba blanco como la nieve.
—¿Pero qué historia es ésta? ¿De charla también con las serpientes?
Le quité su eterna bufanda de oro, le humedecí las sienes y le di de beber, sin atreverme a hacerle pregunta alguna. Me miró gravemente rodeándome el cuello con sus brazos. Sentí latir su corazón, como el de un pajarillo que muere a tiros de carabina.
—Me alegra —dijo el principito— que hayas encontrado lo que faltaba a tu máquina. Así podrás volver a tu tierra...
—¿Cómo lo sabes?
Precisamente venía a comunicarle que, a pesar de que no lo esperaba, había logrado terminar mi trabajo.
No respondió a mi pregunta, sino que añadió:
—También yo vuelvo hoy a mi planeta...
Luego, con melancolía:
—Es mucho más lejos... y más difícil...
Me daba cuenta de que algo extraordinario pasaba en aquellos momentos. Estreché al principito entre mis brazos como sí fuera un niño pequeño, y no obstante, me pareció que descendía en picada hacia un abismo sin que fuera posible hacer nada para retenerlo.
Su mirada, seria, estaba perdida en la lejanía.
—Tengo tu cordero y la caja para el cordero. Y tengo también el bozal.
Y sonreía melancólicamente.
Esperé un buen rato. Sentía que volvía a entrar en calor poco a poco:
—Has tenido miedo, muchachito...
Lo había tenido, sin duda, pero sonrió con dulzura:
—Esta noche voy a tener más miedo...
Me quedé de nuevo helado por un sentimiento de algo irreparable. Comprendí que no podía soportar la idea de no volver a oír nunca más su risa. Era para mí como una fuente en el desierto.
—Muchachito, quiero oír otra vez tu risa...
Pero él me dijo:
—Esta noche hará un año. Mi estrella se encontrará precisamente encima del lugar donde caí el año pasado...
—¿No es cierto —le interrumpí— que toda esta historia de serpientes, de citas y de estrellas es tan sólo una pesadilla?
Pero el principito no respondió a mi pregunta y dijo:
—Lo más importante nunca se ve...
—Indudablemente...
—Es lo mismo que la flor. Si te gusta una flor que habita en una estrella, es muy dulce mirar al cielo por la noche. Todas las estrellas han florecido.
—Es indudable...
—Es como el agua. La que me diste a beber, gracias a la roldana y la cuerda, era como una música ¿te acuerdas? ¡Qué buena era!
—Sí, cierto...
—Por la noche mirarás las estrellas; mi casa es demasiado pequeña para que yo pueda señalarte dónde se encuentra. Así es mejor; mi estrella será para ti una cualquiera de ellas. Te gustará entonces mirar todas las estrellas. Todas ellas serán tus amigas. Y además, te haré un regalo...
Y rió una vez más.
—¡Ah, muchachito, muchachito, cómo me gusta oír tu risa!
—Mi regalo será ése precisamente, será como el agua...
—¿Qué quieres decir?
La gente tiene estrellas que no son las mismas. Para los que viajan, las estrellas son guías; para otros sólo son pequeñas lucecitas. Para los sabios las estrellas son problemas. Para mi hombre de negocios, eran oro. Pero todas esas estrellas se callan. Tú tendrás estrellas como nadie ha tenido...
—¿Qué quieres decir? —Cuando por las noches mires al cielo, al pensar que en una de aquellas estrellas estoy yo riendo, será para ti como si todas las estrellas riesen. ¡Tú sólo tendrás estrellas que saben reír!
Y rió nuevamente.
—Cuando te hayas consolado (siempre se consuela uno) estarás contento de haberme conocido. Serás mi amigo y tendrás ganas de reír conmigo. Algunas veces abrirás tu ventana sólo por placer y tus amigos quedarán asombrados de verte reír mirando al cielo. Tú les explicarás: "Las estrellas me hacen reír siempre". Ellos te creerán loco. Y yo te habré jugado una mala pasada...
Y se rió otra vez.
—Será como si en vez de estrellas, te hubiese dado multitud de cascabelitos que saben reír... Una vez más dejó oír su risa y luego se puso serio.
—Esta noche ¿sabes? no vengas...
—No te dejaré.
—Pareceré enfermo... Parecerá un poco que me muero... es así. ¡No vale la pena que vengas a ver eso...!
—No te dejaré.
Pero estaba preocupado.
—Te digo esto por la serpiente; no debe morderte. Las serpientes son malas. A veces muerden por gusto...
—He dicho que no te dejaré.
Pero algo lo tranquilizó.
—Bien es verdad que no tienen veneno para la segunda mordedura...
Aquella noche no lo vi ponerse en camino. Cuando le alcancé marchaba con paso rápido y decidido y me dijo solamente:
—¡Ah, estás ahí!
Me cogió de la mano y todavía se atormentó:
—Has hecho mal. Tendrás pena. Parecerá que estoy muerto, pero no es verdad.
Yo me callaba.
—¿Comprendes? Es demasiado lejos y no puedo llevar este cuerpo que pesa demasiado.
Seguí callado.
—Será como una corteza vieja que se abandona. No son nada tristes las viejas cortezas...
Yo me callaba. El principito perdió un poco de ánimo. Pero hizo un esfuerzo y dijo:
—Será agradable ¿sabes? Yo miraré también las estrellas. Todas serán pozos con roldana herrumbrosa. Todas las estrellas me darán de beber.
Yo me callaba.
—¡Será tan divertido! Tú tendrás quinientos millones de cascabeles y yo quinientos millones de fuentes...
El principito se calló también; estaba llorando.
—Es allí; déjame ir solo.
Se sentó porque tenía miedo. Dijo aún:
—¿Sabes?... mi flor... soy responsable... ¡y ella es tan débil y tan inocente! Sólo tiene cuatro espinas para defenderse contra todo el mundo...
Me senté, ya no podía mantenerme en pie.
—Ahí está... eso es todo...
Vaciló todavía un instante, luego se levantó y dio un paso. Yo no pude moverme. Un relámpago amarillo centelleó en su tobillo. Quedó un instante inmóvil, sin exhalar un grito. Luego cayó lentamente como cae un árbol, sin hacer el menor ruido a causa de la arena.
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